martes, 30 de septiembre de 2008

Quiero


El merendero de la villa 31 posee un encanto natural. Día tras día, los niños van en busca de una esperanza irradiando sonrisas y sueños a aprender. A veces, no se sabe quién da la clase: si ellos, con una imaginación supramundana, o nosotros, con nuestros finitos conocimientos.
Un día al llegar, luego de los inconmensurables abrazos y besos, una muchachita de tres añitos, cuyo nombre es Oriana, nos sorprendió a todos diciendo: "¡Quiero estudiar!".
Y la sonrisa fue nuestra.